
Georges Dumézil, filólogo y lingüista francés del siglo XX, fue uno de los creadores del estudio en religiones comparadas. Conocía más de doce lenguas, muchas modernas y muchas más antiguas. Un hombre monumental. En él pervivieron los dioses nórdicos y los pueblos escitas, y también la desaparecida Babilonia. Pero su vida, al igual que la del atormentado Kien en Auto de fe, rebasaba los volúmenes y la obsesión por los libros. En esta imagen, de desordenada intimidad, podemos ver a un hombre atestado de cultura e información, pero ¿es posible encontrar a un contemplador que medita? la Academia siempre nos exige incorporar más y más datos, su régimen es la mera acreditación, pero ¿acaso es la gula informacional nuestra finalidad como intelectuales?...

Hay muchas finalidades que un intelectual puede cumplir, no sólo una. La tarea intelectual requiere tanto del estudio y la erudición tanto como de la meditación. Son trabajos complementarios. De todos modos, es algo injusto evaluar a un intelectual por una foto, ¿no?
ResponderEliminarEl talento es siempre una impostación, y esta siempre se refugia en reductos facilmente defendibles; este es el fundamento metafísico y el origen psicológico de la especialización.
ResponderEliminarEl especialista, aunque talentoso y productivo, no deja por ello de ser plebeyo. En la sociedad, se reasegura una posición que no le corresponde por naturaleza; Desde entonces las cosas irán de mal en peor. Así la nobleza del genio se encontrará siempre en el exilio en medio de los hombres; paramos yermos y hostiles harán las veces de su refugio; y su meditación una plegaria soplando como conciencia en el desierto.